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Patricia

Hace algunas semanas se casaba el hermano de un amigo y él, como padrino (ya que al parecer es tradición en Cataluña, donde se celebraba la boda), debía entregar a la novia, en el momento de recogerla en casa, un poema escrito por él mismo.

Nos dijo que había encontrado una empresa en la que le imprimían el poema en un papel imitando al pergamino, y además se lo entregaban dentro de una caja, enrollado como si fuera realmente un pergamino antiguo. Pero cuando nos contó lo que le cobraban por hacer eso (y lo que más nos sorprendió fue que el poema ni siquiera lo escribían a mano, sino que directamente era impreso), nos echamos las manos a la cabeza y le propusimos hacerlo nosotras.

Hubo que ponerse a ello enseguida, porque se acercaban primero nuestras vacaciones y después él se marchaba a Barcelona, con lo cual no coincidíamos y el único momento en el que podíamos tener disponible el trabajo era la semana siguiente; pero como le pareció bien nuestra propuesta, empezamos manos a la obra.

En primer lugar, localizamos una caja de madera lo suficientemente grande como para que al enrollar el poema pudiera caber dentro sin arrugarse ni estropearse; la idea era una caja alargada, a ser posible con tapa de cristal. Con tan poco tiempo y siendo agosto un mal mes, encontramos otra que era un poco más grande de lo que pensábamos, y como nos pareció que quedaría bien, nos decidimos por ella. En estos casos, aunque es el trabajo más pesado y menos agradecido de todos, lo primero siempre es tratar la madera: lija, tapaporos y en esta ocasión tinte y cera, de un color roble dorado que como vemos quedó muy elegante.




El siguiente paso fue la decoración de la caja; no sabemos si la empresa que nuestro amigo encontró le entregaba la caja con alguna decoración o era la caja sin más, pero a nosotras se nos ocurrió que sería buena idea personalizarla, en este caso con una cenefa y el nombre de la novia, en una tipografía élfica, dentro de un óvalo central. Elegimos para ello el color magenta, que con el tono roble dorado de la caja hace un contraste bastante llamativo.




A continuación venía lo más trabajoso: escribir el poema, porque decididamente pensamos que lo propio no era imprimirlo sino escribirlo a mano. Para ello utilizamos un papel en un tono crema muy claro, decorado con flores prensadas; y para que el poema tuviera cierta continuidad con la decoración de la caja, la tipografía elegida fue también élfica y se combinaron los colores magenta y violeta, alternando cada estrofa en uno de estos colores. Este fue el resultado:




Como la tipografía es un poco especial y puede que incluso difícil de leer en algunos momentos, además del poema manuscrito le entregamos a nuestro amigo una copia impresa, en un tipo de letra más legible, por si con los nervios de la boda se atascaba o tenía algún problema y prefería utilizar la copia. Así, de paso la novia podía conservar el poema original, que se remató con un lazo de color rosa y un lacre dorado:






Aquí podemos ver el resultado final, con el poema ya colocado dentro de su caja:


2 comentarios:

  1. El resultado es precioso, y el detalle me parece de lo más emotivo! Imagino que la novia se quedaría encantada

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  2. matiba: Aún no hemos sabido nada más porque nuestro amigo sigue de vacaciones, pero desde luego el día que quedamos con él para dárselo le gustó muchísimo.

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