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Cuadernos de feria (XII): Se la han cargado... Por ahora

13 a 16 de agosto de 2009: Fresnedillas de la Oliva

Ya el año anterior muchos artesanos nos habíamos quejado de que la organización de esta feria había empeorado bastante desde el cambio de gobierno (aunque no lo dijimos con esas palabras, claro). Todos los años, al terminar, se nos pasa una encuesta en la que podemos dar nuestro punto de vista de cómo ha ido la feria en esa edición; pero algunas personas de la organización confesaron que ni se las habían leído. No hizo falta que nos lo dijeran, porque ya lo pudimos comprobar por nosotras mismas...

Al llegar allí a montar el tenderete, ya nos dimos cuenta enseguida de que el número de puestos iba a ser muchísimo menor que otros años; de hecho, los que ocupaban más espacio eran precisamente los de la organización, el ayuntamiento y el consorcio Sierra Oeste. Al menos estuvimos en un buen sitio: de nuevo en el pasillo central, y justo al lado del puesto del consorcio, que con la cosa de que siempre regalan caramelos, libretas y bolígrafos, por allí pasa un montón de gente y siempre pican y compran algo en los puestos más cercanos.

Además, la carpa esta vez estaba muy mal montada; habían dejado tan poco pasillo que algunos puestos estaban medio arrinconados y la gente ni se molestaba en pasar por ellos. Claro, si tú como artesano pagas por tus metros cuadrados igual que los demás, tienes el mismo derecho a que todo el mundo pase por tu tenderete... El criterio de este año a la hora de colocar los puestos había sido la velocidad de cada artesano en hacer el ingreso en el banco; sin comentarios... Hubo gente que se quejó (con razón), los de la organización no hicieron caso, y hasta hubo una palabra más alta que otra entre uno de los organizadores y un artesano de los ya habituales en esta feria.

Como anécdota, de esas que nunca fallan, a nosotras siempre se nos olvidaba comprarnos una tela grande y unas pinzas metálicas, para sujetar la tela entre las dos paredes del tenderete y poder dejarlo cerrado a mediodía sin tener que preocuparse de si alguien podría entrar (aunque en el precio de la feria está incluido el servicio de seguridad para los ratos en los que la feria no está abierta al público). El caso es que para un año que nos habíamos acordado de comprar la tela tan bonita ella, y las pinzas, el sitio en el que nos pusieron era ideal porque estaba en el cruce de dos pasillos; pero ¡¡¡sólo tenía dos paredes!!! Al menos este año nos animamos a disfrutar de unos chapuzones en la piscina municipal, que a los artesanos siempre nos regalan entradas para todos los días que dura la feria, y nunca nos había dado por ir... Qué bien nada nuestro compañero de El Árbol del Pan, por cierto.

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