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Cuadernos de feria (V): Cervantes en Miraflores

5 a 7 de agosto de 2005: Miraflores de la Sierra.

Esta feria la montaron en la plaza de toros del pueblo, que la verdad es que resultó ser un sitio muy cómodo porque no había problemas para aparcar, y además dentro de la plaza teníamos sitio para todos. Cuando llegamos allí y nos pusimos a descargar el coche para montar el tenderete, ya vimos que habían decorado la plaza como si estuviéramos en la época de Cervantes, tal cual. Nos recibió Berta, una de las chicas de la organización, y nos llevó al tenderete que nos correspondía. Otra cosa también muy cómoda de esta feria fueron precisamente los tenderetes, que los montaron los de la organización y eran todos iguales; lo único que tenía que hacer cada artesano era encargarse de la decoración, siempre con motivos correspondientes al tema de la feria, que en este caso era cervantina. Aunque en realidad allí casi todo el mundo iba con el mismo traje que usaba para las ferias medievales, la verdad...


Además de la feria hubo también animaciones durante todo el fin de semana: representaciones teatralizadas, el mismísimo Don Quijote en persona paseando por la plaza... Que por cierto el buen hombre, aunque nosotras íbamos vestidas más o menos de mesoneras, con sus ojos de loco nos llamó princesas al pasar por nuestro tenderete. Isabel Romero también estuvo por allí, aunque la vimos más bien poco porque nos pusieron bastante lejos de ella; además en esta feria no tuvo ocasión de volver a casa por las noches con nosotras, porque los de la organización tuvieron el detalle de pagarles el alojamiento a los artesanos que quisieran quedarse a pasar esos días allí, así que Isabel durmió en Miraflores los dos días.

A nuestro lado había un matrimonio que vendía cosillas hechas con objetos de vidrio tiffany; tenían unas cosas preciosas, pero todo carísimo. Claro que cuando nos explicó Isabel el proceso que hay que seguir para una pieza de estas, nos explicamos lo de los precios... Un poco más allá teníamos a un chico de Estados Unidos que pintaba cuadros, y fue allí  vestido de monje benedictino (se apellidaba Benedict); lo más divertido fue que el hábito le llegaba sólo hasta los tobillos, y los calcetines que llevaba lo mismo eran rojos con estrellas verdes que amarillos con lunares azules... Y enfrente teníamos a un fisio que daba masajes relajantes, aunque por la vestimenta que llevaba parecía más bien un rohirrim; no tuvimos ocasión de que nos masajeara. Lástima...

Esta feria no se nos dio nada mal y vendimos muchísimas cosas, sobre todo cajitas de madera; se suelen vender siempre bastante  bien, pero aquí prácticamente se nos agotaron todas... Lo peor es esa puñetera carretera que va hasta Miraflores; menos mal que al ser verano no había nieve, porque entonces habría sido de lo más divertido...

2 comentarios:

  1. ya sabes el hábito no hace al monje, jaja.¡ muy bien eso de agotar existencias!

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    1. Digo yo que será verdad lo del hábito, porque con la cantidad de cosas diferentes de las que nos hemos tenido que vestir, imagínate.

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