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Cuadernos de feria (I): La primera

En el tenderete con Juana20-22 de agosto de 2004: Fresnedillas de la Oliva.

Esto de la artesanía empezó de forma casual, casi sin haberlo planeado. Ya llevábamos tiempo dedicándonos a las manualidades y experimentos varios, pero fue a través de la bibliotecaria de Fresnedillas de la Oliva, Juana López, (que a pesar de ese nombre tan español, en realidad se llama Joan Kaiser y es de Connecticut), como nos empezamos a enterar un poco más de cómo iba esto de las ferias. En esta foto estamos con ella, que cuando se enteró de que nos gustaba hacer manualidades, nos animó a que nos apuntáramos para montar nuestro tenderete en la feria de Fresnedillas, que lleva más de diez años años organizándose en el pueblo, normalmente a mediados de agosto.

Así que esta fue nuestra primera feria. Estábamos un poco atacadas porque no teníamos ni idea de cómo iba a resultar aquello; además, lo de ir por esas carreteras comarcales con el coche cargado hasta arriba imponía un poco (ahora ya no tanto, que tenemos bastante más rodaje). Pero al final todo salió bien, con la ayuda de McGyver (también conocido como nuestro padre), que nos echó unas manos y dejó el tenderete perfecto.

Nos pusieron al lado de Isabel Romero, que pintaba a mano unos pañuelos de seda preciosos, y también abanicos; después volvimos a coincidir con ella en bastantes ferias más. Estábamos en el pasillo trasero, el que da al terreno donde están las zarzamoras; nos pusimos como tontas de moras, qué ricas estaban. El viernes estuvo la cosa más o menos tranquila, pero el sábado andaba Isabel atacada (“jistéuica”, como dice Juana) porque organizaba un taller de pintura con niños; nos preguntó si nos importaba echarle un vistazo al puesto mientras tanto, y de repente se puso como loca a colocar pegatinas con los precios de las cosas, por si alguien preguntaba mientras ella estaba ausente. Pues mira por dónde, vendimos un abanico…

Exhibición de cetrería
El sábado por la tarde hubo una exhibición de cetrería, a cargo de unos chicos que iban vestidos en plan medieval. Uno de ellos se pasó media tarde dando vueltas por la feria, y cuando llegó a nuestro tenderete parecía que le hubieran atado a las patas de la mesa porque no se movía de allí. Nos estuvo contando que solían ir a ferias medievales, que es donde pega más lo de las exhibiciones cetreras, y nos animó a que nos apuntáramos a alguna. Cuando le dijimos que nos encantaría, por aquello de vestirnos de lagarteranas (refiriéndonos, lógicamente, al traje medieval), nos preguntó si éramos de Toledo, jaja.

Aquí también conocimos a Alicia, la chica que hace bisutería con fimo, que pensamos que estaba como una maraca porque andaba descalza por la moqueta, y de vez en cuando se tiraba al suelo a meditar, y se levantaba de repente diciendo: “tía, échame un ojo al puesto que me meo”; y se iba corriendo a los baños esos portátiles que habían puesto en mitad del “prao”.

La verdad es que, como esta feria fue la primera y además las ventas fueron bastante bien (más adelante nos desengañamos, en cuanto descubrimos que NO todas las ferias eran así), siempre vamos a tener un recuerdo especial de ella. Al principio estábamos un poco atónitas con el rollo artesano/hippy, de niños corriendo sueltos por ahí, gente descalza como si tal cosa, o fumando porros con toda naturalidad. Pero al final te acabas acostumbrando, que además en todas las ferias se suele conocer a gente muy maja. Y para rematar, durante los tres días que estuvimos allí, a los artesanos nos trajeron la comida, los tentempiés y la cena al tenderete; para el resto de la gente había comida popular, como ellos lo llaman: a mediodía se ponían en la cola y les daban un plato con lo que tocara ese día (caldereta, paella o lo que fuera), un vaso de vino y un trozo de pan.

Uno de los recuerdos más graciosos de esta feria son los focazos de vedette que teníamos justo al pie de las “celosías”, como las llama Isabel... ¡Pero si eran rejas de hierro, de esas de obra! El caso es que con aquellas luces, los cuadros parecían las piernas de Norma Duval, ¡¡¡jajaja!!!

Lo más "divertido", como siempre, fue desmontar el tenderete para volver a casa. Entre que te pasas tres días danzando desde por la mañana temprano hasta por la noche bien tarde, que el último día estás ya cansado, y encima no sé cómo lo hacemos que aunque hayas vendido un montón de cosas luego cuesta volver a encajarlo todo en el maletero del coche, esto del desmontaje es siempre lo peor. Pero terminamos esta feria con ganas de volver a participar en otra cuanto antes.

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